¿Estamos cambiando de verdad? Lo que revela un nuevo estudio sobre la igualdad de género en el Chile cotidiano

Un informe del PNUD analiza cómo vivimos, negociamos y resistimos los cambios en las relaciones de género en la vida cotidiana, mostrando por qué lo que hacemos en la casa importa tanto como las leyes.
JUEVES 19 DE MAYO, 2026-. La igualdad de género no se juega solo en el Congreso. Se juega cada día en el reparto de tareas del hogar, en cómo criamos a nuestros hijos y en lo que toleramos (o no) en el trabajo.
Un estudio del PNUD Chile, publicado en marzo de 2026, lo confirma con datos y testimonios reales. Entre sus autoras se encuentra Martina Yopo Díaz, académica de Sociología UC y consejera de ComunidadMujer.
Sin embargo, el diagnóstico es claro: Chile ha avanzado, sí. Pero el avance es desigual y, en muchos casos, más de discurso que de práctica.
Lo bueno: sí hemos cambiado. Igualdad de género en Chile y avances reales
El 92% de la población chilena apoya la igualdad de género en trabajo y hogar. En la vida cotidiana, eso se traduce en cambios concretos: el acoso callejero perdió legitimidad, los hombres hablan más de emociones y crianza, y las mujeres ya no tienen que justificar por qué no tienen hijos.
Leyes como la Ley Karin o la Ley de Deudores de Pensiones de Alimentos también marcaron un antes y un después.
Lo incómodo: la brecha entre el discurso y la vida real
Las encuestas dicen una cosa y los platos de la cena dicen otra. Las mujeres siguen dedicando casi el doble de horas diarias al trabajo doméstico que los hombres (3,4 vs. 1,9 horas). Además, la brecha salarial persiste en un 24,4%. Y el miedo sigue limitando la autonomía femenina: el 63% de las mujeres declara haber vivido acoso callejero.
“Se pone de noche y a uno le da miedo salir a la calle… voy sin celular, voy sin nada.” — Participante grupo focal, mujeres, 31-45 años.
El hallazgo más potente: somos agentes híbridos
El estudio identifica tres tipos de prácticas cotidianas:
- Promoción: Repartir tareas, hablarle a un amigo cuando actúa de forma machista, educar sobre consentimiento.
- Aadaptación: Aceptar los cambios pragmáticamente, sin abrazarlos de fondo.
- Rresistencia: perpetuar rutinas tradicionales, muchas veces sin darnos cuenta.
La gran revelación: la mayoría de las personas combina los tres tipos a la vez. Promovemos la igualdad en algunos espacios y la frenamos en otros, frecuentemente sin notarlo.
El rol clave de las nuevas generaciones
Hijos e hijas aparecen en el estudio como agentes de cambio dentro de la familia: cuestionan dinámicas que sus abuelos naturalizaban y transmiten nuevos valores sobre respeto y cuidado.
De hecho, no es casual que el 93% de los jóvenes entre 15 y 29 años crea que hombres y mujeres tienen las mismas capacidades para cargos políticos.
¿Qué se propone hacer?
El estudio no solo diagnostica: también identifica cinco áreas donde concentrar esfuerzos:
- Inserción laboral femenina, con igualdad salarial real y fin a la segregación horizontal y vertical.
- Corresponsabilidad en el trabajo doméstico y de cuidados, incluyendo el posnatal masculino y el trabajo directo con hombres en torno a las nuevas masculinidades.
- Erradicación de la violencia de género, mejora de la eficacia del Estado en la aplicación de la normativa vigente y diseño de ciudades más seguras para las mujeres.
- Producción de evidencia y monitoreo ciudadano, para que los datos orienten las políticas públicas frente a discursos que desinforman.
- Estrategias comunicacionales diferenciadas que hablen a distintas generaciones, eviten la polarización y presenten la igualdad como un proceso compartido, no como una amenaza.
El informe fue elaborado por el PNUD Chile con la coordinación de Maya Zilveti Vásquez y el trabajo de Martina Yopo Díaz, académica del Instituto de Sociología UC y consejera de ComunidadMujer.