• En 2025, 71.280 mujeres usaron el permiso postnatal parental en Chile. Hombres: 192. Nuestra Directora Ejecutiva, Cristina Vio, escribe en La Tercera sobre por qué los permisos parentales en Chile necesitan un diseño que reconozca la corresponsabilidad.

La madre, meses; el padre, días

En Chile, un padre tiene derecho a un permiso pagado de cinco días por el nacimiento de un hijo. La madre, además del descanso pre y postnatal, cuenta con el permiso postnatal parental de doce semanas, que puede traspasar al padre a partir de la séptima semana, si ella así lo decide. Meses para ella; días para él. Ese es, hasta hoy, el diseño de nuestros permisos parentales.

¿Y cuántos padres usan el permiso que la ley les permite recibir? Según la Superintendencia de Seguridad Social, en 2025 hicieron uso del permiso postnatal parental 71.280 mujeres y solo 192 hombres: el 0,3%. Por cada 371 madres, un padre. Ese es, a casi quince años de la ley, el techo de la transferencia voluntaria.

Si queremos avanzar en corresponsabilidad, debemos diseñar permisos parentales que la reconozcan. No basta con que el permiso sea transferible: eso, ya lo vimos, no ha generado grandes cambios. Por eso, la tendencia en los países de la OCDE ha sido avanzar hacia permisos propios y reservados para los padres. Según un informe de 2025, 35 de los 38 países de la organización otorgaban permisos pagados a los padres. En promedio, el permiso de paternidad alcanzaba las 2,4 semanas (versus los cinco días en Chile) y los permisos parentales reservados exclusivamente para ellos llegaban a 10,3 semanas.

A nivel global, en la última década los padres han aumentado el uso de estos permisos; sin embargo, este sigue lejos de distribuirse equitativamente. Se atribuye a tres factores: los roles tradicionales de género en torno a los cuidados; la cultura laboral, que lleva a muchos padres a no usarlos por temor a perjudicar sus carreras; y las consideraciones financieras, porque como las mujeres suelen ganar menos, el hogar pierde menos ingreso cuando es ella quien se ausenta. Resumen: un círculo que se refuerza a sí mismo.

¿Qué perdemos si seguimos igual? Perdemos que los padres que usan permisos se involucren más en el cuidado y las tareas domésticas, un efecto que persiste mucho después de terminado el permiso y que cambia los modelos de rol que niños y niñas ven en sus hogares. Perdemos apoyar la maternidad y paternidad, algo tan necesario en un Chile que envejece. Perdemos que, cuando algunos compañeros de trabajo los usan, otros se animen a hacerlo. Y perdemos reducir el riesgo de que solo las mujeres se ausenten, mitigando la “penalización por maternidad” sobre sus ingresos y trayectorias, reforzando así la autonomía económica femenina.

Pero una modificación legal no es lo único que requerimos para avanzar: se necesita también una cultura laboral que reconozca el valor de los cuidados y no castigue a quien lo ejerce. No basta con que los padres tengan derecho a un permiso: para que lo usen, tomarlo debe ser económicamente viable, culturalmente normal y laboralmente seguro.

No solo tenemos que incorporar mujeres al mercado laboral, sino también hombres a las labores domésticas y de cuidados.

Cristina Vio, Directora Ejecutiva ComunidadMujer
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